Sondean camino para mejorar la cría

Para algunos ganaderos familiares dedicados a la cría, la escala parece haber dejado de ser un problema, porque están pasando a producir 20% más de carne equivalente por hectárea y aún no ven un techo. Un proyecto de INIA muestra que se puede.

PABLO ANTÚNEZ dom nov 23 2014
Con una asistencia técnica diferente, aplicando medidas de manejo específicas, sin costos extras e incluso bajando la carga animal por hectárea, siete productores familiares dedicados a la cría en las sierras de Rocha y Maldonado, están mostrando que se pueden producir 124 kilos de carne equivalente por hectárea e incluso llegar a tasas de preñez de 90% sobre campo natural.

Los primeros resultados del proyecto de investigación “Co-innovando para el desarrollo sostenible de sistemas de producción familiar de Rocha-Uruguay”, desarrollado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), con el apoyo de otras instituciones estatales y de productores, está mostrando que si bien la cría es un eslabón muy flojo, hay productores familiares que se hacen cada día más fuerte, solo aplicando medidas de manejo diferenciales y manteniendo su rumbo productivo. Pero lo que es más, el sistema de asistencia está haciendo replantear la efectividad de la metodología que hasta ahora aplicaron los técnicos extensionistas.

Características.

El proyecto lleva dos años de los tres previstos para su ejecución y se trata de predios que van de 61 a 350 hectáreas, con un Índice Coneat que en el vértice más chico está en 64 y en el otro extremo es de 120. Son predios ubicados en las sierras de Rocha y Maldonado, donde la ganadería de cría es el rubro principal —generalmente combinando vacunos con ovinos— y el principal recurso productivo es el campo natural (va entre el 75% y el 90% del área total), según explicó a El País la ingeniera agrónoma Verónica Aguerre, investigadora del programa de producción familiar de INIA.

Aguerre remarcó que “es un proyecto de investigación” que aporta información sobre “cuáles son las estrategias y los cambios que hay que hacer a nivel predial, que van en el sentido de mejorar la producción y los resultados económicos, conservando y mejorando el estado de los recursos naturales, pero siempre con la guía del productor y su familia”.

Circulo vicioso.

El principal problema descubierto por los técnicos en estos dos años es el desajuste entre lo que son los requerimientos de los animales y el campo natural. “Hay muchos animales, no se logra tenerlos en buen estado y eso forma un circulo vicioso, porque a la vez, el campo natural está degradado, tiene baja altura y produce menos”, dijo Aguerre.

Como consecuencia, siempre el campo estará “pelado” y los animales flacos. Es el eterno problema de los sistemas criadores, cuya base son productores familiares de pequeño porte. Piensan que cuanto más ganado tienen en el campo más se capitalizan, pero peor estado tienen esos animales y es más peligroso ante un evento climático, como puede ser una sequía.

“El eje es comenzar a trabajar con el pasto y lo primero es ajustar la carga”, sostiene la agrónoma. “Reconstruimos tres ejercicios productivos previo al proyecto para tener una base sólida de partida. La carga que manejaban esos predios era de 0,92 Unidades Ganaderas (UG), hoy están en el entorno de 0,85 UG. Es un proceso de acuerdo con el productor de ir probando y ajustando. Al ir viendo las ventajas, los productores se van convenciendo y profundizan los cambios”, explicó.

También los campos estaban sobrepoblados de ovinos. “En los tres años previos teníamos una relación ovino-vacuno de 2,6. En el primer año se pasó a 2 y en el segundo estamos en 1,4 (promedio por hectárea)”, destacó Aguerre.

Los técnicos acompañan el ajuste de carga con medidas de manejo del rodeo de cría, del pastoreo y de la forma de manejar la pastura.

Se hacen ajustes de la época de entore, manejo de vacas de cría por condición corporal priorizando las que están mejor. Incluso se aplicaron técnicas novedosas como el diagnóstico de actividad ovárica (observa las vacas que presentan celo regularmente cada 21 días a través de una ecografía) en el momento del servicio; es una técnica impensables para un pequeño productor familiar.

Sorpresa.

Los primeros datos rompen los ojos y hacen replantearse el concepto de asistencia tecnológica de los pequeños productores familiares.

Según la investigadora de INIA, si bien los predios son mixtos, la producción vacuna es la más importante. “Hemos logrado pasar de promedios de 76% de preñez a estar, dos años consecutivos, arriba del 90% de preñez, solo con medidas de manejo. Hay un aprendizaje de base, cambios en el manejo, pero no costos extras”, aseguró la experta.

Otro indicador importante es la producción de carne equivalente por hectárea. “Se pasó de 99 kilos a 124 kilos por hectárea, un 20% más”, adelantó la ingeniera Aguerre. La producción de carne por hectárea es el principal indicador de eficiencia de los sistemas productivos y a nivel país, la media es de 100 kilos por hectárea. Los predios que participan en el proyecto achicaron carga, pero tienen vacas que se preñan mejor y producen más kilos de carne por hectárea, porque destetan terneros más pesados, pero siempre cuidando el recurso campo natural, la fuente de supervivencia del sistema criador.

Campo natural.

El proyecto mide también la producción del campo natural. “Los campos se recuperan bastante rápido si se hace el manejo adecuado”, sostiene la profesional. Por otro lado, los productores se capitalizaron en forma importante durante los dos años que se llevan de proyecto y dejaron atrás el miedo de que les vaya peor. “Se mide la altura del forraje que hay en el campo natural. Lo que podemos asegurar es que la altura promedio que tiene el campo natural en cada predio y su evolución, está por encima de lo que es el comienzo. En la medida que hay más altura de pasto, hay más forraje disponible”, dice la experta de INIA.

Desafíos.

Por su parte, el ingeniero agrónomo Santiago Scarlato, técnico de campo que está al lado de los productores, aseguró a El País que una de las principales resistencia que encontró fue cuando hubo que bajar la carga animal para mejorar el estado del campo.

“Cuando se propuso evaluar la posibilidad de vender parte de los animales, quedarse con menos cabezas y producir más, la mayoría de los productores te miró medio raro”, admitió el extensionista.

Mantener muchos animales en el campo porque es la forma de capitalizarse, “es un concepto que el productor sabe que es como viejo. Saben que hay que ser eficientes, que hoy hay que producir más, que no alcanza sólo con tener más animales en el campo, pero de ahí a implementar la idea de tener menos cabezas por hectárea y producir más, encontré una resistencia importante”, dijo.

La salida fue discutir con números, calcular con ellos y mostrarle que con menos vacas se lograrán mejores preñeces y van a producir más porque sacan terneros más pesados y encima tienen buena cantidad de pasto en el campo.

Scarlato planteó como uno de los principales desafíos el mantener estos resultados económicos en los próximos años con un clima, aunque el clima no acompañe tan bien como en los años que transcurrieron.

“Conociendo los sistemas y conociendo las realidades de otros predios, todavía hay mucho para seguir mejorando los niveles de producción y de ingresos en los establecimientos involucrados en el proyecto”, advirtió el técnico. “No sabemos dónde está el techo de esos sistemas”, aseguró.

Juntos por un mismo objetivo

La metodología de trabajo delos técnicos es muy novedosa y ha pegado fuerte en los productores. “Llevamos algunas alternativas, se discuten con los ganaderos y las ajustamos juntos”, explicó a El País la ingeniera agrónoma Verónica Aguerre, investigadora del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en el programa de producción familiar.

“Los productores tienen una experiencia y un contacto con la realidad que muchas veces los técnicos no tenemos. Ahí está la gran ventaja de trabajar juntos. Nosotros no imponemos nada, intentamos compartir conocimientos para que el productor pueda tomar mejores decisiones”, admitió sin reparos.

Es que el vínculo entre el técnico y el productor, empieza por “conocer los objetivos de la familia. No alcanza con ir a mirar una vaca o el pasto que hay en el campo”, agregó. La forma de trabajo abre un nuevo camino a nivel de nuevas políticas públicas.

Preparan jornada en Rocha

Gran parte de los datos conseguidos a lo largo de estos dos años de trabajo, serán presentados el próximo viernes en Rocha. La Jornada se denomina: El desafío para la ganadería familiar: ¿Cómo aumentar producción e ingresos conservando el medio ambiente?. La actividad es organizada por la Sociedad de Fomento Rural Ruta 109, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y la Red de Instituciones vinculadas al proyecto. Por mayor información: www.inia.uy